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Nubes de invierno (1/52)

“El suelo está frío.” Es lo único que tengo en la cabeza. El sol llama desde el otro lado de la ventana, demasiado tenue para cegarme. Y mientras mi mirada pasea por la habitación de escaso mobiliario, tocan campanas a medio vuelo en lo alto del torreón de la catedral.

“Mañana la misa de las 12 será distinta” reza la nota sobre la cómoda. Miro hacia la calle mientras tañen las últimas campanadas.

        De un clavo en la jamba de la puerta cuelga la ropa que he de llevar hoy, limpia y lisa. En apenas un momento estoy bajo la sombra del naranjo que antes veía desde arriba; parece que cuanto más se encala la corteza, más oscurece. La luz grisácea de las nubes de enero se cuela entre sus hojas y discurre entre mis dedos, mientras una brisa infantil intenta alborotarme el pelo. A ese rumor se suma toda voz que cruza de una calle a otra, en dirección a la plaza mayor:

-Ese era el hijo de la Juana, ¿no?

-No, el de la Juana se fue con el de la Pepita, este es el de tu vecina la Paca.

-¡P…